domingo, 15 de abril de 2012

Saint Seiya Omega 02

Saint Seiya Omega sigue avanzando por el camino de la evocación y de la novedad en su segundo episodio. Hemos tenido al menos cinco situaciones que evocan la serie original, tres tan sólo en los primeros minutos. Así, comenzamos con una escena dedicada a las lágrimas de impotencia del nuevo caballero de Pegaso, tan semejantes a las que vimos en distintos momentos de la serie clásica, e incluso ambientadas con música proveniente de esa versión original. Evocación teñida de melancolía, se diría que se trata de la despedida para toda una generación, la mía, la de quienes vimos el inicio de la saga. Final marcado por un evento no del todo extraño a la historia de Saint Seiya, pero al mismo imposible hasta ahora, ni más ni menos que la muerte de Saori Kido, la reencarnación de Atenea, a manos de Ares. Es cierto, algo semejante vimos en la Saga de Hades e incluso en alguna de las películas, pero ahí había siempre la certidumbre (para quienes conocían el manga sobre todo) de que no era sino un evento pasajero, que ella se mantenía ahí, así fuera agonizante como en la batalla de las Doce Casas, o prisionera como en la Saga de los Campos Elíseos. Aquí, en cambio, no tenemos pista alguna que indique otra cosa sino su final, terriblemente marcado por la impotencia.
Y para cerrar esas primeras escenas, no pudo faltar una tercera evocación: Shaina lanzándose sobre Koga para protegerlo como lo hizo otrora sobre Seiya ante el caballero de Leo. La verdad hubiera sido un excelente final para la caballero de Ofiuco, uno de los grandes amores del protagonista, protegiendo a su heredero, pero al final se ha salvado, por lo que todavía parece haber oportunidad para un combate algo mejor de los que le vimos en el primer episodio. En fin, una cuarta evocación en esos minutos iniciales: el viaje de Koga, con un atuendo y saco que lo hacen verse realmente como la versión modernizada y estilizada de Seiya. Claro está, el Seiya de los primeros episodios de los Caballeros del Zodiaco, aquel que era capaz de montar en una moto en movimiento.
No son verdaderas novedades, pero se nos confirma el modelo clásico de historia de Saint Seiya: Marte viene con un ejército, de "marcianos". Lamentablemente la producción desaprovecha el cortejo del dios de la guerra griego, en beneficio de unos guerreros cuyas habilidades serán sacadas íntegramente, según se ve, de la imaginación a veces árida de los escritores. Pero dejando eso de lado, por sobre todo, lo que ha hecho ha este episodio identificarse con la saga clásica ha sido sin duda la repetición en Koga de Seiya como guerrero. Como él, tiene dificultades iniciales para controlar su armadura y para repetir sus ataques, como él, se ve que nos dará combates agónicos, en los que se hará presente en inferioridad inicial para remontar progresivamente; como él, no es invencible, y puede requerir la ayuda de sus compañeros para ganar. En ese sentido, realmente se trata de la "viva imagen" del caballero de Pegaso que conocemos. 
Ahora bien, en cuanto a novedades, sin duda la más notoria, y para mi gusto la más lamentable es la forma en que se despliegan las armaduras. Ya lo había mostrado el capítulo anterior, las urnas pasaron a la historia, ahora la moda es que vengan comprimidas en una piedra, eso no sería tan malo si la forma en que se despligan fuera más "ortodoxa", la del León menor nos ha mostrado que puede ser un espectáculo verdaderamente fuera de este mundo, y no necesariamente para bien. Otra novedad, me parece innecesaria, es la de los elementos. Cierto que los caballeros habían hecho alguna alusión a ellos (el Dragón y el Cisne hacían alusión al agua, Fénix al fuego, Shun de Andrómeda al viento...), pero lo interesante de sus poderes era una diversidad en su construcción que iba mucho más allá de los seis elementos que nos ha presentado este capítulo. En fin, lo que sí se agradece es la renovación de constelaciones y personajes. El joven caballero del León menor muestra que no todo en Saint Seiya es pura reencarnación, pues no tiene ningún parecido con Ban, el titular de la constelación en nuestra generación. Asimismo, se diversifican los lugares, pasaremos del viejo Santuario de Atenea, a una Palestra que todavía no está localizada, y que según se ve es el nuevo centro de entrenamiento de caballeros, acaso veremos algún viejo conocido regentándolo.
La saga pues, ha comenzado con el viaje del protagonista, quien ha conocido al que será sin duda su gran compañero y amigo, han pelado entre sí y contra un primer enemigo, derrotado pero no muerto,y han comido juntos (bueno, tomado café). Seiya desde Tokio al Santuario, Koga ahora viaja de la isla donde fue entrenado (a medias) a la Palestra.

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