sábado, 21 de enero de 2012

Mawaru Penguindrum

Mawaru Penguindrum es tal vez uno de los animes más extraños que haya visto. Historia de fantasía, llena de bizarradas, y al mismo tiempo cargada de simbolismos que son a la vez ambiguos y obvios (por ejemplo, las manzanas simbolizando el corazón humano, o el metro como representación del destino, a la vez elegido e impuesto por las circunstancias). Y claro, considerando que el anime me interesa sobre todo como representación, esta serie resulta ser particularmente rica en ellas, incluso las que más me importan en este blog: las religiosas. Cierto, la religión pareciera a primera vista ausente por completo de la historia de Mawaru Penguindrum, no hay un Dios, no hay una Iglesia, no hay un culto presente en ella, ni hay tampoco mesianismo, que tan bien han sabido adaptar los japoneses. Pero hay en cambio elementos de una cosmogonía religiosa (de inspiración netamente cristiana, cabe decir), y hay sobre todo una historia de sacrificio y de redención.
Me explico, básicamente Mawaru Penguindrum es la historia de dos jóvenes que están dispuestos a sacrificar hasta sus vidas para salvar no sólo la vida sino incluso cambiar el destino de las personas que más aman. Y efectivamente lo cumplen, sacrifican realmente todo, perdiéndose de ellos hasta la memoria. Hacen así realidad la frase del Evangelio de San Juan de que "No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos". Desde mi punto de vista, eso es lo más dramático de toda la historia. Por supuesto, la comparación se acaba ahí, porque paradójicamente entre estos dos redentores, en realidad uno tiene primero que ser redimido tras haber caído en las seducciones del Enemigo para poder ejecutar su obra salvadora.
En efecto, hay un enemigo fundamental que si bien es un fantasma, hace las veces de un auténtico demonio: con la engañosa belleza que es propia también del Enemigo del género humano tal y como lo representa el Cristianismo, con el mismo ingenio, con el mismo conocimiento (ya es interesante que su primera gran aparición sea en una biblioteca) y las mismas trampas. Pero no es un clásico demonio, pues le falta la parte sanguinaria de lo demoníaco. Uno diría que el demonio demasiado malo o cruel tampoco es ya creíble en nuestros días, así que en Mawaru Penguindrum vemos más bien a un demonio tal vez peor, indiferente, vacío, de un egoísmo capaz de matar, literalmente. Sin ánimo alguno de torturar, pero en cambio directamente destructor. En lo que sí se parece al Demonio tradicional es en que está maldito. Como él, falló en su primera gran empresa, que le costó tener que actuar más bien desde las sombras; como él, en esa batalla se reveló la oscuridad como su verdadero color (la creación de los conejos negros).
Contrastando con el vacío del enemigo, está la plenitud de una aliada. Un ángel al menos, no por nada representado como un personaje infantil, inocente, y sobre todo generoso, capaz de cambiar el destino fatídico por uno voluntariamente elegido (como es en Tabuki y Yuri), de salvar a otros sacrificando su propio bienestar. Pero no es exactamente un ángel, ni menos un mesías protegido por la Providencia, pues antes bien es particularmente frágil. Nada garantiza su victoria, antes bien la primera batalla con el mal, si el enemigo no resulto indemne, ella fue la que más perdió. Su capacidad de actuar no tiene proporción alguna con la de su rival: quedan únicamente su memoria; los fragmentos de su alma que pueden hacer llamados (estéticamente apabullantes, por cierto) a lanzarse a buscar el "Penguindrum", que no era un objeto, sino un sentido generoso a la vida; y por supuesto, su diario. Éste, ciertamente tiene algún paralelo con la Biblia, pues ambos pueden cambiar el destino de su lector si se leen correctamente, o al contrario, una lectura literal puede llevar a sendos desastres (Ringo en los primeros capítulos). Sin embargo, el diario no tiene tantas lecturas posibles y no es tan sagrado ni tan fundamental (ni siquiera llega al final de la historia) como para que la analogía sea completa.
En fin, podríamos seguir con los simbolismos religiosos, y con otros elementos que no son tan simbólicos. Por ejemplo la postura ante Dios, el primer discurso de uno de los hermanos es profundamente opuesto a toda idea de Providencia, mientras el primer discurso de Ringo es al contrario una filosofía casi hegeliana (todo lo real es racional). Himari, en cambio, nos ofrece una oración, breve pero al mismo profunda en uno de los últimos capítulos, y se diría que Dios le responde. Pero lo más original del caso es que al mismo tiempo no hay una verdadera trascendencia: nadie habla de un más allá, no hay una representación clara de Dios, ni de su relación con el destino de los hombres. Todo gira en torno a la vida en su sentido a la vez más terrenal y más espiritual. Tal vez finalmente ese sea el único camino posible para el anime de representar temas religiosos, acaso bien acorde con la sociedad secularizada contemporánea.

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