sábado, 29 de octubre de 2011

Merlin II

La serie Merlin, de BBC One, ha seguido su curso en estos días, revelando hasta qué punto se pretende original. Confieso que no me esperaba uno de los giros: los primeros episodios eliminaron ni más ni menos que a uno de los protagonistas de las leyendas artúricas, o al menos de sus versiones cinematográficas: a Lancelot, el rival amoroso del rey Arthur. La serie pues ha descartado la historia del triángulo amoroso, y con ello ha reducido también, al menos en estos episodios, el peso del papel de la futura reina. Además se ha ido definitivamente el rey Uther, cuya relación con Morgana, con Arthur e incluso con Gaius había también marcado varios episodios. Así, el panorama se ha ido despejando, todo en beneficio de un solo eje central: la historia de la amistad entre Arthur y Merlin. Tal vez mucho más que en las temporadas pasadas hay incluso un reconocimiento claro de parte del ahora joven monarca del rol fundamental que ha jugado su sirviente, sin que esté conciente, desde luego, de hasta donde ha llegado ese compromiso. Irónicamente parece que hasta Morgana tiene más claro ese papel que Arthur.
Ahora bien, que falte el triángulo amoroso no quiere decir que la historia abandone su lado dramático: los guionistas insisten en alejarnos también de la relación oficial de consejero-monarca que la historia clásica nos presentaba (es lo desesperante del capítulo The Wicked Day). Es decir, todo parece indicar que Arthur, si no seguirá el camino de Uther, no llegará a ser, por ahora, el redentor de los magos, y en consecuencia, Merlin tendrá que seguir escondido un buen rato más, encima sin contar con uno de los pocos que compartían su secreto aparte de Gaius: el propio Lancelot. Mala suerte para nuestro protagonista: justo ahora que los caballeros tienen más participación se ha quedado sin un amigo entre ellos. Obviamente Gaius no está en condiciones de acompañarlo y el gran dragón no parece ser sino un consejero o un transporte. Así, el capítulo Aithusa nos mostró bien hasta qué punto puede ser un héroe solitario.
Morgana parece llevarle la ventaja: ha reclutado ni más ni menos que al tío materno de Arthur. No han terminado de explicarnos de dónde viene esta relación, ni dónde estaba ese tío en todas las temporadas anteriores, pero es cierto que se ha mostrado como un buen brazo ejecutor de la gran antagonista. Su introducción ha hecho que la serie siga teniendo el aire de intriga palaciega que había traído la progresiva ambigüedad de Morgana en temporadas pasadas. En cuanto a la villana por cierto, hubiera sido interesante seguir su aprendizaje de la magia, pues ahora la vemos hacer toda suerte de hechizos, ella que no era sino una doncella atormentada por sueños premonitorios. De hecho, ahora que ya está construida como la mala del cuento podría resultar hasta un tanto aburrida con sus obsesiones de venganza contra los Pendragon y su ambición por el trono como únicos móviles fijos y repetitivos.
La serie pues ha abandonado el romance por la amistad, la intriga, y algo de acción: el castillo de Pierrefonds ha dejado paso en casi todos los episodios de la temporada a escenarios naturales para batallas o incluso una guerra. Empero, tal vez sea mera impresión mía, pero me parece que ha faltado algo de imaginación para la magia de combate: no importa el hechizo que lancen, lo único que hacen es mandar a volar (literalmente) al enemigo, algo que desde el principio nos mostraron que Merlin podía hacer con la mirada (literalmente).
Como sea, veremos como termina esta temporada, ya de la nueva y moderna representación de la leyenda artúrica.

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