sábado, 24 de septiembre de 2011

No. 6 Comentario final

El interesante anime No. 6, del que ya he tratado en otras entradas, llegó a su final la semana pasada. Aunque según he podido ver, la opinión más especializada en internet recibió el final con miradas críticas, a título personal el giro que fue tomando la historia me pareció particularmente interesante. No. 6 es una historia posapocalíptica, en la que una élite científica ha tomado el control de una sociedad para construir una utopía totalitaria, reorganizándola de forma lo más ascéptica posible, excluyendo toda forma de contestación. La exclusión, como escribí en una entrada anterior, nos resulta familiar, pero es llevada a un nivel bastante más radical. Si al principio nos pareció que se limitaba a dejar fuera de los muros de la ciudad ideal a los elementos más rebeldes dejándolos en una banlieu sin ley ni rey, más tarde vimos que incluso ese lugar no quedaba fuera de la vigilancia de la élite urbana, que de tiempo en tiempo "limpiaba" a sangre y fuego su propio contorno, para luego enviar a un verdadero depósito de basura humana a los sobrevivientes.
En ese ambiente de perfección científica, parecía en efecto un tanto irónico que surgiera un parásito mortal que amenazaba con destruir una utopía tan cuidadosamente construida y tan celosamente protegida. Lo observó uno de los protagonistas, Nezumi, en medio de un ataque de risa que le valió un cubetazo de agua fría de su amigo Shion. Sin embargo, el giro de la historia fue más irónico aún: la utopía no cayó a fuerza de un insecto "natural" digamos, o explicable científicamente, lo que hubiera sido permanecer por completo dentro del mismo plano en que esa élite se desarrollaba. Nueva Sodoma y Gomorra, la verdadera amenaza de la ciudad es una potencia divina, y para mayor ironía no un Dios "civilizado" como hubieran dicho los hombres del siglo XIX, sino una potencia de la naturaleza, como de tiempos del estado fetichista o politeísta de la humanidad, por parafrasear términos de Comte. Aun más, un dios que se invoca con una canción que conmueve a la naturaleza, como nos prueba aquella escena en que Nezumi se vuelve un nuevo Orfeo invocando la protección para todo.
En fin, para completar mejor la ironía, esa potencia divina se encarna justamente en el personaje que representaba cabalmente los ideales de No. 6, en Safu, la chica que daba definiciones absolutamente biológicas del amor, la que contrario a Shion, había seguido bien la carrera que se esperaba de ella, con un futuro prometedor entre las élites científicas de la ciudad.
Cierto, entre los más entendidos que el que escribe estas líneas, no ha faltado quien haga mofa del "dios bicho" en que se transforma Safu, o de la intervención misma de esta potencia en una historia que esperaban por completo "humana", y acaso más oscura y desesperanzadora. Por el contrario, sería miope quien no reconociera que el valor de No. 6, su originalidad entre las historias posapocalípticas que ya tiene el anime, es que se plantea desde el principio como una historia optimista, luminosa y esperanzadora. Tal era ya el sentido del encuentro entre Shion y Nezumi y el papel constante del primero ante su amargado compañero, que si se salía de sus casillas al escucharlo, es claro de principio a fin que él mismo, como todo mundo por más pesimista que quiera parecer (salvo si se arroja por la ventana, claro), deseaba también tener esperanzas. Y esa esperanza, con semejante retrato del saber científico, en un contexto en el que se entiende que el mundo ya fue destruido una vez, no podía provenir sino de la intervención final de un dios, antaño y hogaño promesa permanente para la Humanidad y su última esperanza de justicia, por más refundido que parezca su cumplimiento hasta el final de los siglos, pero no por ello de menor actualidad.
No puedo negarlo, es por esa faceta religiosa que me fascinó este anime, que desde luego debió su popularidad más bien a la relación entre los dos protagonistas. De ella no trato aquí, pues a estas alturas me parece que debía ser más bien un asunto normal, es decir, que ni debería ser considerado una virtud ni menos aún un defecto de por sí. En fin, pues, aquí forma en que el anime japonés representa la salvación de una utopía humana.

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