sábado, 18 de junio de 2011

La política de Code Geass

Tal vez uno de los animes más interesantes que se haya producido, Code Geass se distingue por hacer una saga no de un héroe, sino de un auténtico antihéroe, casi un Anticristo, me atrevería a decir, capaz de sacrificar abundantes vidas para el logro de sus objetivos. En el anime nunca ha faltado algo de política, así sea representada veladamente bajo metáforas obvias, pero en este caso el orden político mundial está directamente en la trama de la historia: nuestro antihéroe es ante todo un líder político, prácticamente un guerrillero, que se opone con banderas entre nacionales e idealistas, a un Imperio cuya modernidad tecnológica no evita que sea descaradamente contrarrevolucionario. En efecto, es una monarquía autocrática, basada más que en la familia en la casta y en la raza, en el privilegio y no en la igualdad, sin otra religión que el culto imperial, profundamente colonial y militarista, y cuya ideología oficial es casi una apología bastante simple de la violencia. Cabe reconocer el cuidado en la construcción de esta monarquía autoritaria: Code Geass nos ofrece hasta un bello himno nacionalista que con aires nazis.

En este sistema que va contra todos los valores modernos, se distinguen empero, y ello es creo de lo más interesante de la serie, personajes que exhiben de manera muy positiva otros valores antiguos, como el honor y la lealtad, confiados en la posibilidad de reformar el régimen desde su interior: princesas inocentes y caballeros andantes que, no podía ser de otra manera, se convierten en los antagonistas del antihéroe.
Ahora bien, hubiera sido demasiado fácil que el protagonista estuviera efectivamente guiado por ideales políticos, y que fuera por ellos que sacrificara a enemigos y aliados. Mas al contrario, está guiado por intereses personales, que resultan ser su más evidente debilidad. Aunque por momentos se nos presenta como un individuo maquiavélico, que combina su innegable inteligencia con una escasa moral, la verdad es que duda constantemente, se preocupa con sinceridad de quienes lo rodean, tiene momentos de arrepentimiento e incluso uno diría que de locura, y de vez en cuando pareciera confundir fines y medios. Todo ello lo hace, me parece, un personaje más creíble. Si ya es difícil creer en héroes perfectos, mucho menos en malvados perfectos; empero, ello no le quita interés a la parte política del protagonista. Ya es interesante por sí misma su valoración de la via armada, frente a la vía propiamente política; cierto, no es que en este Imperio haya mucho espacio para una oposición leal, pero la idea ni siquiera se explora. Así, curiosamente, si hay algún ausente en Code Geass es la lucha democrática: ni los reformistas del Imperio, ni los rebeldes, reivindican ninguna posibilidad de luchar en el ámbito específicamente político. Los primeros apuestan a la negociación al interior de la familia imperial, los segundos directamente a destronar el gobierno. Por ello mismo, los medios no están ahí para servir a fin de construir una opinión pública deliberativa, sino únicamente para servir de propaganda. Lo encarna bien uno de los personajes, el más mediático, Diethar, que no es un periodista sino directamente un director de escena.
En lo ideológico, las armas de la rebelión se dirigen, en primer término contra el colonialismo imperial, pero nuestro protagonista corrije constantemente reclamándose más justiciero que patriota, pero sin concretar nunca una declaración clara de lo que eso significa, aparte de un pretexto para suprimir a otros de los grupos rebeldes. Mas tarde, ese distanciamiento de objetivos nacionalistas propiamente tales le permitirá construir para sí una activa política internacional, que pasa por la alianza y luego intervención en asuntos de otros Estados y en la construcción de una entidad de peso frente al Imperio. En cambio, en lo interno, aunque su proyecto de Estado es más bien republicano (los "Estados Unidos de Japón"), nunca logra poner en pie instituciones políticas, sino sólo militares, cuyo organigrama está por completo organizado en torno suyo, una vez que logra desplazar a los viejos líderes nacionalistas y cooptar a su principal general.
Vía armada pues, y no vía política, que nos ofrece algunos grandes enfrentamientos, pero en realidad  mucho más lucida que efectiva. Hay que reconocer que su ascenso es notable, pasando de la guerrilla urbana, a la guerra de liberación nacional, luego al conflicto internacional. Muy capaz en la movilización, en la estrategia, en el dominio del terreno (o mejor en derrumbárselo al enemigo), nuestro antihéroe luce por contar incluso verdaderos "milagros" en sus batallas, pero ninguna victoria militar decisiva. De hecho, cuenta en su haber dos sentidas y duras derrotas, las dos batallas de Tokio, que le darán el giro final a la historia, abandonando la vía guerrillera por el golpe de Estado palaciego, completamente interno a la familia imperial. Tal una de las paradojas de la historia, un enfrentamiento que le había dado sentido a la mayor parte de los combates por cerca de 40 capítulos, se resuelve con el líder convertido en Emperador.
Entonces, curiosamente, sí que pone en marcha una pequeña revolución: destruye buena parte de los cimientos del Imperio, en particular los privilegios de la nobleza, suprime la militarización, ofreciéndonos incluso una imagen imperial original. En efecto, contrario a su predecesor en el trono, no luce uniforme, sino un traje ceremonial largo, sin corona ni otro símbolo monárquico. Mas las reformas no van hasta cuestionar el papel del propio Emperador, suprime la casta pero no la autocracia, que por el contrario se intensifica al cuestionar el reordenamiento internacional que él mismo había promovido, dando batalla a la alianza que él mismo había forjado para combatir al Imperio, y convertirse así en amo del mundo.
Cierto, Code Geass nos ofrece todo esto combinado con una historia más fantástica aún, de magia, de control ya no del mundo sino del universo entero. Trataremos de ella en algún momento, pero sirva esta entrada tan sólo para destacar su lado político, la historia de guerrilla, de Imperio, de reformas fallidas e intrigas palaciegas, que si tiene también su lado ingenuo, sobre todo en el excesivo voluntarismo de los protagonistas y en el proyecto final de la trama, el Zero Requiem, no deja por ello de construir una magnífica historia, en la que como dice su mismo protagonista, ha sido capaz de destruir el mundo y reconstruirlo.

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