sábado, 23 de abril de 2011

Lost Canvas: La boucle est bouclée

Hace unas semanas terminó el manga Lost Canvas, la precuela de los Caballeros del Zodiaco, que nos cuenta la "Guerra Santa" del siglo XVIII. Original en los dos sentidos del término, es la precuela que podíamos esperar los que hemos seguido la serie desde el principio, destinada a contarnos el enfrentamiento entre Hades y Atena, especialmente los orígenes de los caballeros de Aries y Libra, y toda la colocación de las piezas tal como las vimos al empezar la serie clásica, como el rosario de Virgo a la que se dedicó una parte importante del inicio de la historia.
Sin embargo, ha sido también original por contarnos una historia nueva, en principio la que deriva de la cadena de flores que Kurumada introdujo ya muy tarde en la historia clásica, y que es la de los vínculos, ya no sólo entre el Pegaso y Atena, sino sobre todo entre el caballero de Pegaso y el joven que se convertiría en la encarnación de Hades: Alone. Ya no tenemos la relación entre jefa y subordinados de la que había partido la historia clásica, sino una mucho más personal entre hermanos del mismo orfanato.
Además, es nueva por la participación fundamental en la saga de ciertos personajes. En principio de los antiguos caballeros de oro. Cierto, la generación clásica tiene el Episodio G, y en parte la Saga de Hades sobre todo el capítulo del Santuario, mas hay que reconocerle a Shiori Teshigori el haberles dado un peso mucho más decisivo, tal vez por vez primera realmente a la altura de su poder, en el desarrollo de la historia. De hecho, creo que hay algunos que, habiéndose sentido algo decepcionados por ciertos personajes entre los caballeros de oro clásicos (Deathmask o Afrodita por ejemplo), los vieron reivindicados en Manigoldo y Albafika, sus predecesores. Habría mucho que decir elogiando las nuevas técnicas de los caballeros de Tauro, Cáncer o Piscis, la presentación más detallada de las historias personales de cada uno de los doce, la espectacularidad de los combates (algunos me parece superando con creces los de la historia clásica). Otros personajes reivindicados son sin duda los espectros. Si en la historia clásica apenas los jueces del inframundo tenían vida propia como personajes, en Lost Canvas, si bien podemos ver a algunos ya conocidos, son varios los que adquieren una renovada importancia, de los que llegamos a conocer algo más de sus pasiones, a veces de auténticos ángeles caídos, o verdaderos operadores maquiavélicos. Baste pensar en el Kagaho de Bennu y en Violate de Behemont para los primeros, en Yoma de Mefistófeles para los segundos.
En fin, aunque los caballeros de plata y bronce fueron casi completamente desplazados en esta historia, por lo menos vieron alguna acción en momentos decisivos, mientras que Kurumada podía simplemente olvidarlos durante largo rato sin explicar siquiera su ausencia. La banda del protagonista, por cierto, se redujo a sólo tres componentes, quedando en dos de bronce (Pegaso y Unicornio) y una de plata (Grulla), por lo que cabe también mencionar la reivindicación del caballero del Unicornio, presentado en la historia clásica al principio como un buen rival de Seiya, pero después dejado muy de lado.
Ahora bien, Teshigori, sin duda, nos presentó una historia un tanto más sentimental que el Saint Seiya de Kurumada, en algunos comentarios vi que la calificaban incluso de la versión "emo" de los Caballeros del Zodiaco. Sensibilidades de los tiempos, no es que Saint Seiya haya sido nunca una historia fría, al contrario, tuvo siempre momentos emotivos, sólo que se formulan ahora de manera un poco más amplia y explícita. No creo que ello sea, en realidad, ningún defecto, antes bien una virtud. Teshigori no introdujo vueltas demasiado complicadas a la historia, y respeto con sumo cuidado todas sus líneas principales, y aunque hacia el final abundó mucho en el tema de los orígenes del caballero de Pegaso, por ejemplo, Lost Canvas queda como una auténtica saga que cuenta una guerra entre dos bandos bien definidos. Así, no creo que haya nadie que se queje de los nuevos personajes o del nuevo peso de los dorados y de los espectros, ni del respeto del canon de la historia, y ello sin duda satisface a los seguidores que somos ya de largo tiempo. Pero también es necesario un cambio de tono acorde con esta década.
En ese mismo sentido, el traslado del manga al anime, casi sin rastro alguno del estilo de la animación que vimos en los 90 o con la Saga de Hades vino a completar este aspecto de renovación. Tal vez a muchos nos hubiera seguido gustando escuchar la música ya clásica de Saint Seiya, que fue reemplazada por temas originales, por cierto de estilo mucho más militar incluso (salvo el tema de salida desde luego), dando idea, insisto, de una verdadera saga que cuenta una guerra. A título personal, todos esos elementos nuevos, que sin embargo, insisto, han respetado su carácter de precuela esperada (de la que se aleja un poco el Next Dimension de Kurumada, a la vez muy clásico en sus situaciones y tal vez demasiado arriesgado en sus ires y venires por el tiempo), le han dado un nuevo aire a Saint Seiya, y nos hacen esperar que la historia continuará durante varios años más.
Por el momento, el manga ha terminado, no sin cierto aire de nostalgia por habernos llevado, de alguna forma, al punto de partida de la historia clásica. Su culminación dejando abiertas puertas al futuro, nos dejo ver curiosamente a los personajes que ya son incluso de nuestro pasado más íntimo. "La boucle est bouclée" como dicen los franceses.

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