sábado, 26 de marzo de 2011

Resurrección sin más allá

Entre las numerosas emisiones de televisión norteamericanas que han tratado el tema de la muerte hay una que se distingue por su tratamiento extremadamente secularizado del tema: Pushing Daisies, "Criando malvas". Cierto, la serie es harto original y simpática, por su humor tan irónico, por sus escenarios como de historieta, por las aventuras y por el romance que envuelve la historia, entre otras virtudes. Cuenta la historia de un "repostero", por decirlo así, pues en español creo que no hay una traducción más adecuada para "pie maker" que tiene la habilidad de resucitar a los muertos al tocarlos, con una compensación a cambio, si el muerto sigue revivido más de un minuto, alguien equivalente en su especie deberá morir. Asimismo, si los toca de nuevo, no importa si ya pasó el minuto de gracia, los muertos vuelven a la tumba.
No abundaré aquí en la historia y en las originales complicaciones que trae consigo el extraño don del repostero, pues en cambio me interesa resaltar que, a diferencia de otras emisiones que respetan poco más o menos alguna cosmogonía religiosa, en Pushing Daisies no hay mención alguna del más allá. De por sí el don del protagonista es particularmente escabroso, pero además no hay la mínima intención de inscribirlo de alguna forma en un marco providencial, digamos. Y es que en efecto, durante toda la serie los muertos vuelven a la vida como si se encontraran de nuevo en el momento mismo de su fallecimiento, sin memoria alguna de lo que podría haber sucedido con sus almas en el intervalo. Sus cuerpos, dicho sea de paso, y ello hace parte del humor negro de la emisión, no se regeneran, por lo que literalmente Ned (que tal es el nombre del "pie maker") produce auténticos cadáveres vivientes. De hecho, uno diría que la serie no ofrece otra definición de la vida, pues el tema del alma, de la vida después de la muerte, o del orden que estableció las reglas a que obedece el don del protagonista, no se plantea siquiera durante la emisión.
Más aún, además de "arreligiosa", y aunque no es propiamente anticlerical o anticatólica, es claro que no tiene mucho respeto por la religión. Con parodia de "La novicia rebelde" incluida, la serie nos ofrece una imagen muy irónica de la vida religiosa, gracias a un convento de monjas donde uno de los personajes habría ido a refugiarse para ocultar un embarazo (cliché de los más clásicos de la crítica de la vida conventual).  Y en voz de una de las monjas (sin vocación, cabe decir), vuelta a la vida para averiguar las causas de su muerte, denuncia un fraude en las expectativas prometidas por la religión católica. Empero, al lado de una no menos clásica denuncia de las faltas a los compromisos de la vida monástica, cabe reconocer que hay cierto aprecio del vínculo que se crea entre las mujeres en el claustro: las religiosas se convierten en aliadas en alguna situación particularmente comprometedora, y aún más, respecto de la religión misma, la idea de redención no parece extraña incluso a los más inesperados y terrenales personajes (Emerson Cod).
Todo ello hace a la serie tanto más tentadora, cabe decir, y habría todavía que reconocerle que no es agresiva estrictamente hablando, mas para dar muestra de todo lo dicho, la genial escena del capítulo 3, de la temporada 2, "Bad habits" de la resurrección de una mala religiosa, donde los guionistas han acabado hasta con la sacralidad del sonido de las campanas.

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