sábado, 22 de enero de 2011

Pasión por Fly

Tal vez como muchos de los que participan en esta página, Las Aventuras de Fly era para mí un recuerdo, no de infancia me temo, sino de adolescente. Tendría unos doce o trece años cuando la vi por primera vez. Desde entonces muchas cosas se me quedaron grabadas. Para mí, que nada conocía (ni conozco) de videojuegos, la historia me pareció fascinante: la saga de un héroe niño en un mundo de magia, monstruos, demonios, dragones. Además, un héroe original, no sólo por su edad (creo que entonces no era tan común ver héroes tan jóvenes), ni por sus poderes, sino sobre todo por su aspecto moral. Es, literalmente, la historia de un niño inocente, que no necesita matar para vencer y que tan sólo soñaba con ser héroe... y que lo logra. Sin embargo, confieso que más que con el protagonista me sentí identificado con Pop, el cobarde que encuentra finalmente valor para afrontar los retos que se le plantean y ayudar a sus amigos. Y bueno, qué decir de los contrincantes: Hyunkel y Barán tenían historias muy interesantes, y en cuanto a los malos, Mistburn y Killburn una apariencia sombría fascinante.
Ahora que, gracias a los miembros del FRG he podido leer la saga completa, la verdad he quedado realmente impactado. El anime en realidad, aunque se quedó en puntos suspensivos, su último capítulo no dejó ningún pendiente en particular gracias a los cambios que introdujeron. Uno hubiera podido esperar que Fly siguiera el mismo camino, derrotara a los otros generales del ejército del Mal, y concluyera la saga como cualquier otra, con un final feliz.
Pero la historia se desarrolló, cierto que sin salir demasiado de ese marco, con notables matices: el final fue muy ambiguo, los personajes fueron madurando, los problemas que se les planteaban dieron mayor densidad a la historia. Ésta, digamos, se fue haciendo más humana, y más universal. Ya lo había dejado planteado el anime: uno de los grandes problemas sobre los que gira la historia es el del miedo a lo diferente. La tolerancia de Fly, capaz de crecer en medio de monstruos y criado por uno, contrasta con el miedo de los otros humanos, pero se compensa con la amistad de Pop (que insistirá hasta el final en expresarlo con claridad: su amigo seguirá siéndolo, no importa si es un híbrido o incluso una forma demoníaca) y desde luego, también con el amor de la princesa Leona.
Algo que me llama la atención ahora es que otro valor que marca toda la historia es uno que podría pensarse anacrónico: el honor. Como caballeros del Antiguo Régimen, Crocodine, Hyunkel, sobre todo Hadler, todos aparecen convencidos en que el combate debe ser limpio, en igualdad de condiciones, sin trampas, sin tomar rehenes. Ya no digamos el permanente sentimiento de lealtad: hacia Aván (o Iván, como prefieran) de parte de sus discípulos, de los compañeros de Fly, de la guardia personal de Hadler, e incluso de Mistburn hacia Burn, aunque luego se revelen los motivos.
Tolerancia, honor, lealtad, amistad, pero además lo que en el siglo XIX se llamaba fraternidad, el ideal de hermandad entre los hombres (y en esta historia incluso con los otros habitantes de la Tierra), que le da un matiz universal a los héroes. No son como los héroes clásicos que peleaban por un colectivo en particular, como la ciudad, la patria o el pueblo; ni como muchos héroes virtuales de las historias de ahora, que luchan por el mundo sin que el mundo se dé cuenta. Pienso por ejemplo en mis no menos queridos Caballeros del Zodiaco, que luchan por el mundo o por su diosa, pero sin que nadie se entere. En estas Aventuras la fraternidad tiene expresiones muy concretas: la conferencia organizada por Leona, la alianza de los ejércitos, el trabajo para destruir los pilares.
Así, Fly el héroe se convierte literalmente en un salvador del mundo, reconocido como tal, y que pasa al final, y eso es lo que encuentro más fascinante, por una verdadera pasión y deviene en un héroe trascendente. Es cierto, la heroicidad implica de por sí actos de sacrificio por un colectivo, pero aquí, creo, están llevados al límite: consciente de las debilidades de los humanos, de las cuáles su propia madre fue víctima, nuestro héroe no duda en sacrificarse, no sólo por sus amigos sino por el mundo entero. Y su sacrificio no es tanto la batalla con Burn cuanto la reacción ante la trampa de Killburn. En ese sentido, su pasión dura un instante, pero no por ello es menos emotiva.
Digo en fin, que es un héroe trascendente, porque su sacrificio queda inscrito, no sólo en la memoria a través de un monumento, sino que adquiere un matiz casi religioso me atrevería a decir, por la promesa permanente de su retorno. Y esta es, cabe decir, una característica propia de muy pocos héroes en la historia.
Todo esto para decir, el por qué de mi pasión por Las Aventuras de Fly.
(Publicado originalmente el 12 de julio de 2009 en el foro de Flyreleasegroup)

Para quien no se acuerde del anime:


Y para quien quiera conocer el manga, ademas del Flyreleasegroup, los canales de
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Jos1424


Danyboychicken


Zezzar07

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